Por Ali Imperiale
Ansiedad, latidos acelerados, manos que esperan los aplausos. De repente, el mundo se detiene. Como dice Ricardo todo lo que pasa allá afuera no está tan bueno. Y nos sumergimos en dos horas y media de pura magia. Cada canción nos lleva a un tiempo de nuestras vidas. Cada nota evoca un recuerdo. Y sin más nuestras voces se únen a la suya. Y no importa nada más que ese instante. El amor, la vida, las desilusiones, la pasión, la deuda externa, la soledad, la tristeza, la clandestinidad, la espera por un no que sea un sí, la vida de un taxista, la señora de 4 décadas, los minutos que no vuelven. Todo se conjuga en una sola voz. Y las almas estallan y ansían nuevos encuentros de complicidad. Porque ni el Seco ni nosotrxs somos los de antes pero la magia que nos une sigue intacta.